Cuando los castigos y las amenazas se nos van de las manos


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Ya hemos contado muchas veces lo poco útiles que son los castigos, pero también sabemos y todo el mundo tiene muy claro que educar no es nada sencillo. Estoy seguro que muchos de nosotros nos hemos encontrado en alguna situación en que el castigo se ha vuelto contra nosotros, “pues no salimos fuera a cenar”, (y ya te acabas de auto-castigar tu mismo sin salir también). Estos son algunos de los problemas con que nos vamos a encontrar cuando castigamos sin pensar muy bien lo que estamos haciendo.

Deberíamos utilizar otro tipo de herramientas para corregir el comportamiento de nuestros hijos, pero creo que si en algún momento decidimos que debemos de castigar a nuestros hijos, el castigo debería ser como mínimo proporcional y adecuado a la edad de los niños y por supuesto llevado hasta el fin.

Cuando nos castigamos a nosotros mismos sin querer

He de reconocer que me he encontrado en esa situación más de una y de dos veces. Cuando le castigamos sin salir fuera a cenar o sin ir a ver una película, o cualquier otra cosa, provoca que también nosotros nos veamos afectados y al final paguen justos por pecadores, como se suele decir.

Cuando ni nosotros mismos nos creemos lo que estamos diciendo

¿Cómo podemos esperar que nuestros hijos nos tomen en serio si ni nosotros nos creemos el castigo? Hay días complicados y otros muy malos, en que el cansancio se acumula y que más que un salón, nuestra habitación parece un ring de boxeo en el que tanto adultos como niños se retan mutuamente a ver quién es el rey de la montaña.
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“Como no recojas tus juguetes los tiro todos a la basura”, “como no empieces a comerte la verdura te pongo tres platos más”¿Seguro que le vamos a tirar los juguetes o le vamos a poner tres platos de verdura, seguro que nos vamos a pasar la noche delante de nuestro hijo hasta que se termine cuatro platos de verdura?

El problema es que nos calentamos y que muchas veces recurrimos a las tácticas que usaron nuestros padres con nosotros, para darnos cuenta que todo parecía más fácil por aquel entonces. Eso que pensábamos de que ser padre molaba porque eras el único que podía castigar era otra gran mentira. Los castigos salen como fruto de la frustración, del cansancio o del desconocimiento de otras “tácticas” más productivas y menos frustrantes.

Y es que este tipo de castigos o más bien amenazas, pueden meternos en situaciones bastante cómicas dependiendo de la curiosidad de nuestros hijos. Y nada mejor que un caso real entre un padre, que en este caso era yo y dos niños (mis hijos), reaccionando ante la misma amenaza en situaciones diferentes.

Una de las “amenazas” que solía utilizar con mis hijos era que si no recogían sus juguetes se los tiraría a la basura. Normalmente tras los cinco o diez minutos iniciales en los que parece que hablo en sueco y tras otros cinco de protestas, suelen ponerse a recoger. Recuerdo una vez, cuando el mayor tenía como cuatro años que tuve que aparecer en la habitación con una bolsa de las que usamos para la basura y empezar a meter juguetes en ella para que empezara a recoger todo lo que había sacado. El efecto secundario es que dejé en un rincón la bolsa con los tres o cuatro juguetes que “supuestamente” iba a tirar y ahí se quedó olvidada hasta casi un año después.
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La misma situación me pasó hará más de un año con el pequeño, aparecí con la bolsa e hice amago de ponerme a meter juguetes en la bolsa. En ese punto el pequeño decidió ponerse a recoger y cuando llevaba con tres muñecos colocados, me mira, señala la bolsa y me suelta “de todas formas papá, ahí no te van a caber todos mis juguetes”. Por supuesto tuve que salir de ahí antes de no poder aguantar la risa y esa fue la última vez que les amenacé con tirarles los juguetes a la basura.

También hay que tener en cuenta la edad de nuestros hijos ya que normalmente, nuestra credibilidad ante este tipo de amenazas es inversamente proporcional a su edad y a la gravedad de la misma, siempre y cuando tenga edad suficiente para entender cuál es el castigo, claro, porque amenazar con castigar a un niño de dos años solo sirve para tener que volver a recordarle lo mismo media hora más tarde, cuando vuelva a hacer aquello que le hemos dicho que no haga.

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Aún así hay padres que con tal de mantener su posición se han pasado en la ejecución

Creo que la mayoría de nosotros sabe que hay cierto tipo de amenazas que se quedan en la teoría y no van a ir más allá, suelen “funcionar”, por llamarlo de alguna forma, gracias a la que la imaginación de nuestros hijos se expande mucho más rápido y con mayor fuerza que su capacidad de razonar y así se creen las cosa más variopintas.

El problema empieza cuando estas amenazas no funcionan, bien porque les suene a ciencia ficción o bien porque en ese pequeño cerebro suyo consideren que es una buena idea ver como se cumple la amenaza, si, los niños a veces son bastante temerarios. Esto nos obliga al común de los mortales a pasar a un plan B, normalmente elegido durante la marcha, pero claro, hay padres y padres y alguno elige llevar sus amenazas hasta el final.

Si buscamos por internet veremos multitud de casos de padres que han llegado a extremos que difícilmente podemos justificar.

  • Los padres que pusieron a la venta a su propio hijo a través del periódico: reconozco que alguna vez los peques tengan un comportamiento que deje bastante que desear, que se junte con mil cosas más de nuestra vida de adultos que magnifique aún más el desastre y que tengas ganas de decirle a tu pareja “ahí te los dejo, yo me voy a dar una vuelta”, pero de ahí a querer venderlo…¿Qué se te puede pasar por la cabeza para semejante “machada”?¿Para qué te va a servir semejante lucha?
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  • Los padres que abandonaron a su hijo en un bosque porque se portaba mal: vale, tu hijo te está dando el viaje y eso es difícil de gestionar y se te puede pasar por la cabeza eso de “en la primera gasolinera que vea os dejo ahí”, pero una cosa es pensarlo y otra muy distinta hacerlo. Y claro, uno debe de pensar cuando hace una de estas que el chaval se va a quedar ahí esperando a que alguien regrese a por él, siempre y cuando nuestro hijo no crea que sois capaces de dejarle ahí “tirado” y no volver a por él, así que decide moverse por su cuenta. Menos mal que en este caso hubo final feliz y todos aprendieron la lección.

  • Los padres que mandaron rapar a su hijo por mal comportamiento: esta es otra de las “grandes” ideas que algunos padres entienden por “encauzar” a sus hijos. En este caso, los padres tuvieron al chico pareciendo el abuelo joven del pueblo durante cuatro días hasta que, según ellos, aprendió la lección y mejoró su comportamiento.

Estos casos se han hecho virales en las redes sociales y han tenido multitud de aplausos, al igual que detractores, por supuesto. Solo tenéis que buscar en las redes para ver la cantidad de este tipo de casos que existen. Y es que el problema no es que se les haya ocurrido cruzar la línea entre disciplina y abuso, sino que hay muchos otros padres que aplauden este tipo de acciones.

No creo que uno se gane el respeto de los demás mediante este tipo de acciones, mediante amenazas y chantajes. Somos padres y somos humanos, es comprensible que en algún momento nos equivoquemos y no reaccionemos como se espera de nosotros, pero para mi hay una cosa muy clara, humillando no se cea respeto, se crea miedo, dos sentimientos que muchos padres confunden pero que no tienen nada que ver.

En Bebés y Más | Llama a la policía para asustar a su hijo de 10 años con una falsa detención porque se estaba portando mal, El castigo es un método poco educativo

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Cuando los castigos y las amenazas se nos van de las manos

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papaLobo

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